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En Rzeszow, Grozer entró a formar parte de la élite del voleibol, disfrutó
de la atención de los medios y formó parte de la campaña Héroes de
la FIVB. No obstante, pese a haber rechazado previamente dos ofertas
de Rusia, acaba de asumir un nuevo reto en el Lokomotiv de Belgorod
tras haber alcanzado “lo máximo” posible en Polonia. El traspaso
no ha sido solo por dinero”, subraya, y explica: “Se me presentó
una oportunidad de formación excepcional, rodeado de varios de los
mejores jugadores del mundo, por no mencionar que la liga rusa es
actualmente la mejor”.
Grozer, hijo de un jugador de voleibol, es famoso por su fuerza y su
impresionante saque. En Earls Court, durante los Juegos Olímpicos,
uno de sus proyectiles alcanzó los 127 km/h. Aunque en Polonia llegó a
conseguir los 128 km/h, el jugador cree que puede “mejorar la puntería
y la eficacia”. No obstante, su carrera no ha estado exenta de altibajos.
Una dolencia circulatoria en el brazo derecho lo mantuvo apartado de
las pistas en 2011, y desde entonces ha pasado dificultades con las
pólizas de seguros en sus participaciones con la selección alemana,
un problema al que se enfrentan muchos jugadores” y que, según él,
debe solucionarse.
Grozer, criado en Moers (Alemania occidental), es un tipo simpático y
sensato, que disfruta de su tiempo libre en casa con su esposa polaca y
su hija de cinco años. “Mis mejores amigos no tienen nada que ver con
el voleibol”, comenta sobre su vida fuera de las pistas. Sobre el terreno
de juego, sin embargo, se transforma en una máquina.
Grozer registró un récord de 39 puntos contra Serbia en Earls Court
Los aficionados al voleibol de Alemania eligieron a Grozer mejor
jugador del año del país por tercera vez consecutiva